nerea sumisa X 🔗
Había pasado más de un
año desde el incidente con su padre, pese a toda la carga emocional y secuelas
que aquello supuso Laura había logrado entrar a la universidad, sus
calificaciones en principio no fueron buenas, haciendo que ella planteara
incluso abandonar los estudios, pero con ayuda de Antoni poco a poco había ido
recuperando el buen ánimo y con ello su rendimiento académico se había vuelto
sobresaliente; también había abandonado el ballet y lo había cambiado por ir al
gimnasio. Lo anterior no significaba que Laura hubiera olvidado a Oscar, lo
recordaba en días especiales, al jugar videojuegos, al sentir una loción
parecida a la suya en algún lugar concurrido, pero en especial cuando veía la
cicatriz en su brazo; había días en que revisaba su perfil en la red social
para saber algo de él, pero estaba inactivo desde días antes que el huyera, sin
respuestas, trataba de vivir su vida lo mejor que podía, hasta que un día
recibió una llamada de un número desconocido, al contestar escucho la voz de su
hermano.
Tras huir de casa sin
nada más que su ropa Oscar había ido al único lugar en donde quizás podía
encontrar refugio: el lugar que Dalia rentaba en la periferia de la ciudad.
Dalia paso de dar hospedaje temporal a Oscar a tener una relación con él,
luego, con necesidad y ganas de aportar a los gastos del lugar Oscar buscó
empleo sin poder hallar ninguno, viendo aquello Dalia había optado por
presentarlo a Todor, el jefe de su primo Ilia, quien accedió a incorporar a
Oscar a su red de tráfico de Drogas a cambio de una serie de favores sexuales,
para Oscar aquella forma de conseguir ser admitido le causó gran molestia, pero
con el tiempo entendió que esa era la vida que su novia llevaba, al final los
celos y la frustración eran opacados por la lealtad que ella le mostraba y por
la aprobación que le daban sus compañeros criminales.
Oscar se integró muy
bien a las dinámicas de la banda, comenzó desde abajo como vigilante en las
calles; puesto en forma pasó a ser de los que cuidaban el territorio y se
encargaban de intimidar posibles competidores, le iba bien con eso pues al
hacerlo dejaba salir su ira contenida en contra de cualquiera que se le
figurara como un rival de la organización. Con el tiempo Oscar fue ganando un
par de tatuajes, (que en el grupo venían siendo señales de estatus), aunque
para ese momento había pasado la época de los grandes dibujos en la piel, ahora
se estilaba hacerlos pequeños y en partes del cuerpo que se pudieran cubrir
fácilmente, todo con la intención de no resaltar hacia afuera, Oscar traía la
imagen de un cuchillo manchado de sangre bajo el antebrazo y la palabra
"борец" (luchador) en un costado de su cuerpo. Finalmente, a Oscar le
dieron una plaza para administrar, y fue aquí donde mostró que había
desarrollado un buen talento para los negocios y había aprendido a manejar su
dinero, esto último gracias a los tiempos de escasez que vivió los primeros
meses con Dalia y por una regla de la calle: no ostentar la riqueza.
El dinero a Oscar le
vino bien, sobre todo para cuando Dalia fue despedida del burdel, ella no le
dio detalles se limitó a decirle que había tenido problemas con Mike; pese a
perder un ingreso extra en el fondo se sintió bien, ya que con lo que ganaban ahora
su novia podía dejar de prostituirse. Oscar sentía que por fin sus días buenos
habían llegado, recordaba con especial cariño un viaje que había hecho con
Dalia a la playa, y estaban ahorrando para cumplir el sueño que ella siempre
había tenido, abrir un restaurante. Pero los días aciagos llegaron a su fin de
improviso, una noche en que Oscar se reunió con varios miembros de la banda en
el puerto esperando recibir un cargamento llegado desde Marruecos, cuando
estaban moviendo la mercancía a varias camionetas la policía entró en el
lugar.
Por supuesto Oscar no
le dio todos estos detalles a su hermana, tampoco muchos de la situación en que
estaba, así hubiera querido no podía al tener poco tiempo por estar hablando
desde un teléfono que había sido introducido de contrabando a la prisión en que
se encontraba.
***
La primera visita de
Laura a la cárcel le resultó bastante dura, lo agobiante del lugar y la requisa
a la que fue sometida le afectaron bastante. Cuando Laura vio a Oscar detrás de
un vidrio percibió en su mirada la de un hombre, era una mirada firme, seria;
físicamente lo encontraba muy guapo, aunque en aquel momento no importaba; le
sorprendió ver que traía consigo una cruz al cuello, y con ese detalle encontró
el mejor tema para iniciar una conversación para la que no venía preparada.
-nunca
fuiste creyente
-qué
te puedo decir, Jesús vivió entre putas y murió entre bandidos, y San Pablo era
un matón
-
¿por qué estás aquí?
-no te puedo dar
detalles sin que eso me meta en más problemas, confomate con saber que por
culpa de la policía está ciudad se perdió de una muy buena hierba y un buen
betún
-
¿cómo puedo ayudarte? Antoni conoce un abogado...
-No
me dañes el día recordándome a ese tipo
-
¿Entonces qué puedo hacer?
-pasa que me van a
matar si no consigo con qué asegurarme protección, veras en esta maldita cárcel
hay un grupo de albanos que no me pueden ver, me tengo que unir a otro grupo
pero eso no será gratis
-yo
no tengo dinero
-no
se trata de eso, mira, en el registro de visitas vas a anotarte para la visita
intima
-
¡Qué! ¿Cuánto ha pasado? y aún crees que entre tu y yo...
-no
es conmigo, es con otro sujeto
-vete
a la mierda, Oscar
-me
iré al cementerio, no se te ocurra hacer la hipocresía de visitar mi tumba
Laura sintió una fuerte
sensación de angustia, rabia y asco ante la propuesta de Oscar, pero al final
aceptó resignada.
-dame
el nombre
***
El sábado en la mañana
Laura llegó sin maquillaje y con ropa ancha, lo que fuera por no inspirar deseo
en el desconocido con quien se vería. Había arribado al lugar muy temprano,
quería librarse de aquel asunto rápido, entrar y salir de ese horrible lugar
tan pronto como pudiera, pero sus planes se vieron truncados cuando se topó con
una larga fila de mujeres y algunos hombres que aguardaban por entrar.
Haciendo la fila en
medio de una leve brisa una mujer que estaba unos diez puestos al frente se
acercó a ella y le compartió su paraguas
-hola,
no te quedes descubierta que cuando vayas a entrar vas a estar empapada, esta
brisa suave es la que más moja
Laura miró a la mujer
algo inexpresiva, pero no dudó en ser educada
-muchas
gracias
-
¿vienes a visitar a algún novio?
-vengo
a hacerle un favor a mi hermano
-no
me lo creo, qué cosa más extraña
-no
me veré con él
-ya
entiendo, tu y yo somos colegas
Laura no entendió ese
último comentario por lo que decidió ignorarlo y no dijo nada, pero parecía que
la otra mujer sí que quería hacerlo
- ¿y
a tu hermano porque lo capturaron?
-tráfico
de drogas
-a
mi novio también está por lo mismo, quizás eran de la misma banda porque casi
todos cayeron en la misma redada. Yo estoy aquí tratando de evitar que no le
maten, me toca ayudarle con dinero, pero ahora vivimos la época de vacas
flacas, a mi me botaron de mi empleo por burlarme del nombre de un superior, es
algo gracioso: mi novio el año antepasado le robó la billetera al tipo ese por
el que te digo que me despidieron (aunque entonces no era mi novio) y cuando me
mostró la licencia de aquel tipo me di cuenta que usaba un nombre falso
porque el de él era muy feo; cuestión que no soy muy de beber pero un solo día
en que tomé de más y regué la voz con mis compañeras, yo creo que el tipo
se dio cuenta que yo tuve algo que ver con el robo, la verdad no había otra
forma de yo poder saber su nombre, y como yo había estado con mi novio esa
tarde en el trabajo no le sería difícil atar cabos. Pues al otro di, vale, que
ya me tenían las cosas en la puerta; después de eso capturaron a mi chico y
ahora estamos viviendo de lo que él me alcanzó a dejar (porque antes de caer a
la cárcel me trataba como una reina y era muy ahorrador) y también nos ayudamos
con lo que yo consigo en la calle, y pues míranos ahora: el allá encerrado y yo
aquí queriendo verlo.
Cuando ya estaban a
poco de la entrada aquella mujer nuevamente se puso a ser preguntas
- ¿y
tú no le traes nada a tu hermano? Yo a mi novio le traje un par de libros que
me pidió, una biblia en búlgaro y otra en español, no es que él sea religioso
si no que como sus socios y yo somos búlgaros se puso a aprender por su cuenta
para que le dieran mejores trabajos, yo supongo que le quedó gustando el idioma
o que no descarta volver a trabajar en lo mismo cuando salga, eso último a mí
no me gustaría, pero pues tengo claro que es lo que él sabe hacer, y al final
una quiere a su hombre tal como es, no queda de otra
-no
me ha pedido que le traiga nada
-pero
no es cosa de que pidan, es tener un detalle con ellos, por ejemplo, yo a mi
novio le traigo la estampita de San Judas, fue el primer regalo que me dio, así
que no dolo tendrá a al apóstol cuidándolo si no que podrá recordarme. Tu a la
próxima tráele algo a tu hermano seguro él lo agradece.
-lo
tendré en cuenta
Cuando estaban por ser
separadas para ocupar diferentes módulos donde tomarían la revisión requerida
antes de entrar, aquella mujer alcanzó a hacer una última pregunta
-por
cierto, mucho gusto: Milica Naydenova; y ¿tú? ¿Cómo te llamas?
-nerea,
me llamo nerea.
***
nerea tenía que verse
con un tipo llamado Agustín Alegre, aunque a él le gustaba que lo llamaran
Astray, ella entendió por qué nada más al verlo. Astray era un hombre de buen
físico, pero fuera de eso era lo único que podía considerar atractivo en él, por
lo demás su cuerpo lleno de tatuajes que hacían alusión al Tercer Reich y al
franquismo, y ese ojo blanquecino que asomaba en su cuenca derecha (el rasgo
del que tomaba su apodo) le resultaban horrorosos.
Cuando Astray vio
entrar a nerea a la celda que le habían asignado para la visita intima se
mostró bastante complacido,
-tu
hermano no mentía con lo guapa que eres ¿cómo te llamas, mujer?
-nerea
-qué
lindo nombre. Pero bueno, a lo que te trajeron que el tiempo es poco,
desnúdate, quiero verte
nerea obedeció, a
diferencia de las veces que lo había hecho desde que se iniciará como sumisa
esa vez no hubo pudor y, por tanto, no hubo placer, esa vez no había el morbo
de saber que lo hacía teniendo la opción de no hacerlo, esta vez no lo hacía
por el placer de llevarse ella misma a la vergüenza y humillación, esta vez
solo lo hacía, tan o menos excitante que lo que le podía resultar una visita al
médico u otra situación en que la desnudez fuera un mero trámite.
-te
portaras bien conmigo y yo me portaré bien contigo y tu hermano; y piensa tu
algo más: está compartiendo con un verdadero español y no siendo la puta de
algún negro de mierda llegado en patea, hasta la sociedad gana con todo
esto.
Lo que siguió fue
breve, ese día Astray solo le pidió que lo masturbara, para nerea fue un acto
sin ninguna clase de sentimiento, incluso logrando suprimir el asco que le
causó sentir el líquido caliente de su corrida entre los dedos. Al salir Astray
fue categórico.
-espero
verte la próxima semana, bueno si quieres que tu hermano esté bien y no tenga
que vérselas con los moros y con esos albanos que lo quieren muerto, incluso si
no quieres que yo mismo tenga que ser duro con él
nerea solo tuvo
algo por decir antes de irse
-sí
señor
Las semanas que
siguieron se caracterizaron por un progresivo decline de la salud mental de
Laura, decline relacionado a las cada vez mayores exigencias de Astray, de
masturbarlo en las primeras tres visitas pasó a hacerlo sexo oral en las
siguientes dos y a acostarse con él en su sexto encuentro, esto último fue el
detonante en ella de una crisis nerviosa. A la par que esto ocurría Antoni
asistía a todo sin saber lo que ocurría y sin saber que hacer, meses atrás
Laura se había abierto a contarle la historia de su trastorno alimenticio, por
lo que el se preocupaba que aquello la estuviera aquejado nuevamente, más
cuando ella poco a poco iba reduciendo la ingesta de comida. Ante aquel
escenario Antoni gestionó una dispensa para Laura en la universidad, y le
propuso que fuera al psiquiatra, pero ella se mostraba renuente a hacerlo,
hacía muchos años que Antoni no sentía un nivel de frustración tan alto como el
que le provocaba ver sufrir a su amante. Pero el día en que le tocó acostarse
con ese hombre despreciable que era Astray, Laura ya no pudo soportar, nada más
llegar a casa se deshizo en llanto y en gritos de sufrimiento y odio y en los
brazos de Antoni por fin pudo revelarle la causa de su dolor, o bueno, parte de
ella, porque de decir lo que había estado haciendo por Oscar seguro hubiera
causado que Antoni buscará acabar con él.
El día en que a Oscar
le anunciaron que tenía visita aquello le pareció extraño, se preocupó pensando
que Milica tuviera algún problema, pero su sorpresa fue total cuando se
encontró de frente con Antoni. Al toparse con un Oscar que parecía más recio y,
quizás, más maduro, Antoni desistió de hacer cualquier comentario sarcástico o
de mofa y decidió ir directo al asunto que lo había llevado a ese lugar
-vengo
a tratar de sacarte de aquí
-
¿cómo está Laura?
-mal,
por causa de que te tengan acá encerrado
-dile
que no vuelva de visita, no quiero que sufra
-precisamente
por eso vengo a ayudarte
-no
necesito tu ayuda
Oscar simplemente se
alejó de la cabina de visitas sin decir nada más.
***
Cuando Laura recibió
una llamada de la guardia de la prisión informándole que Oscar había sido
herido en una refriega y que necesitaban uns transfusión que solo ella podía
darle corrió al hospital. Una vez Oscar por fin recuperó el sentido y se
encontró con Laura junto a su cama apartó su mirada de ella como señal de no
querer hablarle, más ella quería saber qué era lo que había ocurrido
-
¿te hicieron esto porque dejé de ir?
-me
hicieron esto porque unos puntos neonazis supieron que recibí la visita de un
negro
-no
quería que pasara esto
-tu
nunca quieres que pase nada e igual consigues que pase, solo debías hacer algo
y era estar a mi lado o irte y dejarme a mi suerte, pero tus medias tintas
siempre me joden, Laura
Laura se levantó
indignada
-ojalá
te hubiera dejado morir, narcisista de mierda, hazte cargo de tu vida al menos
una vez
Cuando Laura salió del
hospital le pareció ver a lo lejos a aquella mujer que había conocido a las
afueras de la carcel hacía dos meses, pensó que quizás su novio también había
resultado herido en la riña en que Oscar se había visto envuelto.
Dos días después un
sujeto gordo y de traje llegó a visitar a Oscar, nada más estar a su lado
comenzó a hablar con su marcado acento andaluz
-mucho
gusto, Joaquín Álvarez, soy tu abogado y vengo a decirte que te sacaré de
prisión. La verdad es que tu caso fue muy mal llevado, por no tener
antecedentes, (salvo de algunos hurtos y allanamiento en la adolescencia y ser
buscado para aclarar una riña en el hogar), nunca cometiste crímenes violentos,
o al menos nunca te atraparon en uno, y bueno, ni te digo que por traficar
drogas de menor impacto como mariguana y jachis no ameritabas una medida
intramural dado que tu sentencia es de menos de dos años.
-si
vienes de parte de Antoni no me interesa tu ayuda
-muy
tarde porque ya todo está en el juzgado y en un par de días autorizarán tu
libertad condicional
-no
autorice a que me representaras
-dado
que te estabas muriendo lo hizo tu hermana al ser tu familiar más próximo
La visita de Joaquín no
sería la última que recibiría Oscar durante su recuperación, para su disgusto
tuvo que verse con Antoni una vez más, cuando lo vio entrar por la puerta Oscar
le indicó lo nada bienvenido que era
-largo,
cuantas veces tengo que decir que verte me daña el día
-
¿qué crees? ¿Que yo estoy acá por gusto? Tu para mí eres una molestia que no
puedo sacarme de encima
-pues
gracias a mi conociste a mi hermana, en cambio tu me arruinaste la vida, si
alguien es el malo aquí no soy yo
-tu
vida ya se iba por el caño cuando te conocí, y no por culpa de otra persona más
que tú, y lo peor es que arrastrabas a Laura contigo.
-si
tanto me detestas ¿por qué no me dejas en paz?
-por
Laura, por mí que te devuelvan a la cárcel y que tus colegas criminales acaben
contigo, pero sé que si te mueres de esa manera Laura se enterraría contigo.
Pues nada, te daré un empleo y un techo que son los requisitos que te piden
para estar en libertad condicional, además que pagaré tu fianza. Igual no creas
que todo eso es un regalo, me pagaras cada euro que he puesto para sacarte de
este lío. Supongo que tienes varios días para pensarlo aquí acostado: salir a
trabajar o volver a pudrirte en prisión. Por cierto, vas viendo cómo te borras
ese tatuaje de mierda.
Llevándose la mano al
pecho Oscar deslizó sus dedos por el tatuaje del símbolo de las Schutzstaffel que
le habían hecho en la cárcel como señal de admisión al bando neonazi, por
primera vez estuvo de acuerdo con Antoni en algo: debía deshacerse de esa marca
en su cuerpo
Para Oscar los días en
esa cama de hospital pasaban muy lento, salvo por las visitas de Milica nada
más le ayudaba a aislar su mente de sus propios pensamientos, lo que le sirvió
para meditar. En un principio se lamentaba que Cristina no hubiera podido dejar
ese marcado acento eslavo pese a llevar cinco años viviendo en España, y es que
si pasara por española ella hubiera podido estar con Astray y seguro no le
hubiera resultado tan traumático; luego se dio cuenta de lo enfermizo que era
pensar de esa forma, Milica estaba bien y él la amaba tal como era, la amaba
con su hablar extraño. Oscar llegó a pensar que La verdadera culpa era de
Astray quien no debía abusar de mujeres, aquel tipo era un hipócrita, todo ese
discurso de honor y lealtad no era más que una pantalla para ser un abusón, la
clase de persona que él más aborreciera; pero pronto pasó de aquella idea.
Finalmente Oscar pudo dejar de culpar a otros, si bien nunca lograría dejar de
pensar que personas como su padre, a Astray o al mismo Antony habían hecho uso
de su poder para dañarlo, tomó conciencia que frente a cada uno de ellos
él siempre tuvo opciones: pudo haber puesto empeño en su formación y con ello
lograr salir de un hogar abusivo, pudo haberle dicho a Antoni que se jodiera
aquel día en el hotel y simplemente marcharse, pudo haberse aliado con los
latinos o los mismos musulmanes o buscar cualquier otra forma de sobrevivir en
prisión, pero al final él y solo él había tomado la que en retrospectiva
consideraba la peor opción en cada uno de los casos: la de resignarse y aceptar
todo con la cabeza gacha.
Cuando le dieron el
alta Oscar firmo su salida en compañía de un guardia de prisiones, de la
persona que sería su agente de libertad condicional y de Antoni, quien vendría
a ser su padrino. Fuera del hospital a Oscar lo esperaba Milica muy feliz, pero
a ella nada más pudo darle un beso antes de verlo subir a un taxi junto a
Antoni.

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