nerea sumisa 📦
Esa mañana¹ Laura, pese a lo tedioso que le resultaba
salir de casa, se dirigió sin dudar a la dirección que le había dicho su Amo.
Se trataba de un edificio con las ventanas tapiadas y al que se accedía por una
puerta muy discreta. El portero la reconoció como esclava gracias al collar que
le mostró, así que la dejó pasar sin preguntas, llevándola por una especie de
bar hasta donde se encontraba la madam del local, una señora de mediana edad,
bastante elegante.
-así que estás aquí para
ocupar la habitación negra ¿No?
-así es señora, es… lo
que me ha ordenado mi Amo.
-y ¿sabes lo que es?
-no señora
-es un cuarto con un
agujero en la pared, ahí los hombres meten sus pollas y tú tienes que chuparla,
al saber que dentro hay una esclava, muchos aprovechan para que les hagan sexo
oral gratis ¿tienes algún problema con eso?
-no señora.
- ¿te has tragado semen
antes?
-sí, el de mi Amo, me
tragó el semen de mi amo.
Reconocerlo en voz alta para desconocidos fue una
auténtica experiencia para ella, ¿En qué se estaba convirtiendo?
-Nuestros clientes son
personas distinguidas, así que no deberás desperdiciar ni una gota de su semen,
no queremos tonterías, te lo tragarás todo, si no lo haces o si el cliente no
queda satisfecho, te castigaremos delante de él; no sé si estás aquí como parte
de tu adiestramiento, por los deseos de tu Amo o por ambas cosas, pero ni se te
ocurra echarlo a perder.
-Entiendo, señora.
-Muy bien, desnúdate.
Laura comprendió la orden, pero no entendió porque debía hacerlo, al notar la extrañeza que se dibujaba en el rostro de la sumisa la madame procedió a aclarar
-Verás: las esclavas sois lo último de lo último, por tanto, en mi local siempre irás desnuda y atada por la correa.
Laura echó un vistazo a su alrededor, había unos pocos
clientes y prostitutas en ropa interior divirtiéndose con ellos, pero ninguna
desnuda.
-Sí, ahora mismo eres la
única esclava del local. Desnúdate.
La chica respiró hondo, se llevó las manos a los
botones de la camisa y comenzó a desabrocharlos. Luego se quitó la falda
quedándose en ropa interior, llevó sus manos al sujetador y se lo quitó
también, por último, las bragas y los zapatos, quedándose completamente desnuda
en el local.
-No, no te tapes el coño,
las manos a la espalda. Ahora, arrodíllate, con las piernas bien separadas.
Ante aquella orden de la dueña del lugar, Laura
obedeció, intuía que la estaban adiestrando como su hermano quería, o a lo peor
no, pero obedeció.
El portero se sacó la polla delante de ella y comenzó
a pajearse hasta terminar en su bello rostro, con el tiempo Laura llegó a
conocer este mundo muy bien, con el tiempo supo que la corrida en la cara podía
ser tanto un castigo como una demostración de su naturaleza, en este caso eran
ambas cosas a la vez.
Tener la cara bañada en semen sin poder lavarte y ser
conducida como una perra ante los ojos de todo el mundo era una humillación
extrema, podía sentir los ojos de cada uno de los clientes del lugar deseando su carne. Aquello era
lo que le hizo su hermano… No, su hermano no, su Amo, en adelante tenía que
pensar en su hermano como su Amo, como su Amo y Señor, el hombre al que ella
pertenecía en cuerpo y mente.
Fue conducida a gatas hasta un extremo del salón donde
había una portezuela a la que se le indicó entrar, la habitación era en
realidad una pequeña caja alumbrada con una luz roja y cuyo techo era un vidrio
reflectante, un lugar en que solo le permitía estar a cuatro patas. Tras ser
atada a un palo, observó que por medio del vidrio en la parte superior, que
funcionaba como claraboya, podía ser vista desde fuera por cualquiera, pero
ella no podía ver a los hombres que iban a meter sus pollas por el agujero, antes
bien solo vería el reflejo de su cuerpo desnudo, ella era simplemente un
espectáculo.
La primera polla se hizo esperar, pero terminó
apareciendo, se trataba de la polla de un blanco, Laura abrió la boca y se la
metió en la boca sin rechistar, teniendo la precaución de poner las manos
contra la pared, tal y como la madame le había advertido que hiciera, el tipo
terminó por correrse, su semen no fue distinto al de su hermano, pero aun así
le pareció asqueroso, algo sucio y repugnante, quizás por ser el semen se otro
hombre, lo peor fue cuando deglutió y comenzó a sentirla bajando por su garganta.
Cuando el tío blanco terminó Laura sólo sentía ganas
de vomitar, mientras contenía sus náuseas entró una polla enorme y negra, no
tuvo más remedio que abrir la boca y meterse ese pedazo de carne en ella. El
negro hizo lo mismo que el primero, está vez apenas si pudo aguantar el ritmo y
el semen se le escapó por las comisuras de los labios, luego no pudo evitar
votarlo al suelo, al ver la mezcla de saliva y semen bajo ella se preocupó,
intuía que la iban a castigar por ello, aunque solo fuera por diversión. El
portero no tardó en abrir la puerta y sacarla a cuatro patas, solo pudo ver un
par de zapatos, y casi de inmediato sintió el dolor cruzando toda su espalda,
fue azotada cinco veces con un cinto, acto seguido el portero la cogió de la
correa y volvió a meterla en la jaula. No fue la única vez que la azotaron,
claro, tuvo un total de cuatro rondas y veinte azotes en total, y no, los
dieciséis restantes no fueron por que estuviera haciendo nada mal.
Por el agujero iban entrando pollas de todos los
tamaños y de todos los colores, pollas de blancos, de negros, de asiáticos,
gigantes y canijas, todos venían por su mamada, Laura contó un total de
treinta, estaba agotada, jadeante, como un animal prisionero.
Para aumentar esa sensación de perdida de humanidad el
portero le llevó un cubo de comida, o de algo que parecía comida, Laura no
sabía que contenía el cubo, solo sabía que debía meter la cabeza y comer, o de
lo contrario, el castigo podría ser terrible. Deseo con toda su alma que no
fuera algo descompuesto o lleno de gusanos, no lo era, pero lo que la esperaba
era casi igual de asqueroso, le bastó un vistazo para saber que la estaban
alimentando con carne para perros. El sabor de la carne sin aliños, así como el
de las entrañas de pollo que debía masticar hasta poder tragarlas inundó su boca, pero
al final consiguió comerlo casi todo. por el agujero arrojaron unos dulces
mentolados y una pequeña botella de agua, no era algún tipo de consideración,
solo no querían que el aliento a visceras disuadiera a alguien de usarla.
Sí, fue una mañana durísima, el portero la llevó atada de la correa hasta una habitación privada donde se tuvo que colocar de rodillas y con las manos en la espalda.
-Buff, mírate como estás, sudada, en cuatro y oliendo a sexo -
Comentó Oscar; ver a su hermana en un estado tan lamentable hacía que se le pusiera dura.
-No sé durante cuánto
tiempo podremos ocultar esto a nuestros padres, pero está es la vida que
voluntariamente has escogido.
Su hermano vio al portero y le dijo
-¿puedes limpiarla? esta tarde la espera trabajo.
-Ya has oído a tu Amo,
perra, vamos a tomar una ducha. Por cierto ¿Has pensado un nombre para ella?
-nerea ², no sé, era el
nombre de una ninfa marina³, y mi hermana tal parece es una ninfómana que
permanece mojada todo el tiempo, nada más mírala, le cae de perlas su nuevo
nombre, además se oirá muy sensual cuando se lo susurren al oído mientras la
follan.
El portero sacó seiscientos euros en billetes de diez
y los puso en la mano de Oscar, dos por cada cliente al que atendió su hermana
y que acabó por correrse en su boca. Oscar resopló ante la visión de tanto
dinero, al ver aquella actitud el hombre encargado de custodiar aquel lugar
dijo
-No sé por qué tengo que
pagarte.
-Porque de otra manera
tendrías que buscarte otro saco de semen para tu caja que haga que este lugar
se llene.
-Por cierto ¿Cuándo crees
que tu hermana estará lista para ser follada por un perro?
- ¿Hablas de zoofilia?
-Hablo de que se la folle
un perro delante de los clientes.
- ¿Y tienes alguno en
mente?
-Claro, el oficial del
club, Brutus, un perro enorme, podría pelear junto a los romanos, además que
tiene mejor servicio de salud que tu y yo, así que todo bien, sin ningún riesgo
para tu propiedad.
-Joder…
-Venga, si se te pone
dura solo de pensar en ello. Y a ella fijo que le gusta.
Oscar se quedó
pensando un momento.
-Quiero cien mil
- ¿Qué mierda acabas de
decir?
-Que, si tú quieres ver a
mi hermana follando con un perro, yo quiero cien mil euros
-Oye, que te estemos
tratando bien no significa que no seas un novato.
-Te propongo una apuesta.
- ¿Una apuesta?
-Sí, una apuesta. Si
pierdo, te quedas con mi hermana gratis si gano me darás el dinero
-No pienso ni puedo apostarme
nada contigo.
-Claro que lo harás,
porque pase lo que pase, tú ganas.
-Puede ser, pero total
que esa es una decisión de la madam, iré a hablarle.
Pasaron unos minutos, nerea de rodillas pensando en
que su Amo la acababa de apostar, Oscar pensativo en hacerse con un gran fajo
de dinero
-Dime, ¿En qué apuesta
estabas pensando?
Dijo la madam entrando a
la sala privada
- ¿Tienes una baraja por
ahí, ¿verdad? Es un club, estaría decepcionado si no
-Claro que tenemos-
La madam abrió el cajón de un gabinete y sostuvo en su
mano el mazo de cartas, al verlo Oscar le dijo
-pues a la carta más
alta.
- ¿Solo eso?
-Solo eso.
- ¿Lo oyes? Aquí tu
hermano se va jugar a que, si saco una carta más alta que la suya, mi perro te
follará.
Ni Oscar ni nerea dijeron nada, él solo optó por
encender un cigarrillo. La madame barajó y procedió a jugar sacando un diez,
Oscar hizo lo propio y sacó un rey.
-bien hecho, pero no
pagaré cien mil por una novata, quizás cuando tenga más experiencia. Arréglense
y salgan de aquí.

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